La súbita huida de Gallardo al extranjero

Un gobernador decente, electo de manera democrática, hubiera anunciado a su entrañable pueblo, cuántos días se iba a ausentar para ir al medio oriente en busca de millonarias inversiones en la entidad, que ayuden a mejorar las condiciones de vida de los habitantes. Pero el mandatario Ricardo Gallardo, fiel a un estilo oscuro, prefirió irse a hurtadillas, furtivo, temeroso de sentirse vigilado. Lo cierto es que, a casi un año de ejercer la nueva encomienda, nadie conoce su programa de trabajo para sacar a los potosinos de la miseria. Con el estilo disperso que carga, lo cierto es que el viaje internacional, es otra más de sus sistemáticas ocurrencias. Entonces, la salida emergente, sin agenda definida, sin dar una lista de acompañantes ni los destinos ni personajes con los que se habría de entrevistar, es un auténtico escape. Una huida desesperada, envuelta en la sospecha y el rumor maligno. Con frecuencia lo censuran de usar el avión estatal y la chequera colectiva, para irse con la familia y el perico de vacaciones a diversas playas. Ahora resurge la misma historia, que emigró para ir de compras, a hacer negocios personales, a divertirse después de una jornada interminable de pingues ganancias sin el mínimo costo. Otra vez Gallardo muestra su verdadero talante: se imagina dueño absoluto del erario, que puede gastar arbitrario, en lo que se le antoje. Y nadie le puede hacer el mínimo reclamo o que se atenga a las consecuencias.