Horacio Sánchez Unzueta gastara 50 millones de los potosinos en esculturas para la Av. Carranza

Jalil Chalita Zarur:

 

Ya es tiempo que Horacio Sánchez Unzueta saque las manos de la administración pública y deje de gastar dinero de la población y sobre todo seguir queriendo cambiar la imagen de la capital potosina.

 

Horacio Sánchez en un proyecto trasnochado heredado de Francisco Cosío que deformó la imagen antigua de la ciudad de San Luis Potosí, quiere seguir deformando con dinero público la capital potosina.

 

Desde que fue gobernador del Estado aplicó las ideas del arquitecto Francisco Cosío cuñado de su suegra Concepción Nava Calvillo ya que el arquitecto estaba casado con la hermana de Concepción Nava Calvillo, por lo tanto era tío político de la esposa de Horacio Sánchez.

 

En más de una ocasión Francisco Cosío externó la idea de que la avenida Venustiano Carranza debido al tamaño de sus banquetas deberían de instalarse allí esculturas; ahora con la influencia que tiene Horacio Sánchez en su sobrino político Xavier Nava y con la cercanía que tiene con el gobernador del Estado ha conseguido casi 50 millones de pesos para otra vez “remodelar” la avenida Carranza.

 

Ahora con el dinero público es decir proveniente de los impuestos que deben de aplicarse para beneficio de la ciudadanía tiene el capricho de poner esculturas en avenida Venustiano Carranza.

 

Este proyecto el grueso de la ciudadanía no lo conoce, tal vez sus allegados de francachela puedan conocerlo pero el pueblo en general ignora y solamente tiene conocimiento de que gastará casi 50 millones de pesos en este fútil proyecto.

 

La escultura en cualquiera de sus manifestaciones es un arte bello, pero en este momento de crisis económica y de desintegración social no es prudente gastar el dinero público en esculturas que no se sabe a qué corriente pertenecen ni quiénes son los autores. Ya tenemos en la capital el sonoro fracaso del museo de “arte contemporáneo” Federico Silva que la mayoría de la población no entiende ni comprende y que también fue un capricho de Fernando Silva nieto en donde gastó casi 100 millones de pesos y que ahora sirve para nada.